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Anticipo

Voy y vuelvo. ¿Para qué está la policía?

Caen los cortinados del viernes 11. Ya el principio de la nocturnidad se advierte. Es la hora 20:20 en la ciudad del cemento. ¿El escenario del relato verídico? Independencia esquina Coronel Suárez.

Una pareja intenta cruzar la calle, como tantas personas, como tantas veces. El movimiento vehicular es constante. El apuro por volver a casa es notable.

Ya están en la mitad de la arteria. De pronto, un auto frena intempestivamente delante de ellos y la mujer sufre un tropezón involuntario. Algo pasa en uno de sus pies. El dolor es un puñal clavado y encima, no se puede mover.

El conductor del rodado, sale del lugar. Nadie sabrá si vio algo o no de lo acaecido. La dama queda tendida sobre el frío del asfalto. Decenas de luces, ejercen sus presiones de haces impacientes. No se puede pasar.

Los minutos transcurren imprudentes y alguien aduce haber llamado a la ley y a la ambulancia. Se acercan los curiosos y hay ayuda solícita para la señora que llora su desazón.

Por no continuar entorpeciendo el tránsito, su marido y otro señor, corren a la dolida hacia la vereda y allí la sientan. Por ahí, una voz reclama el no haberla quitado del sitio del accidente.

Avanza la intranquilidad. Hasta que, el ulular de un móvil se aproxima. Es una unidad, la 8 concretamente, del “Comando de Prevención Ciudadana”, chapa patente OYV 649. Al volante una oficial.

La uniformada sin descender, inquiere brevemente y casi con impertinencia, sobre la cuestión. Y, sin mayores aprestos, se retira sigilosa por Independencia hacia Avenida Del Valle.

Piden una ambulancia del SEM. La tardanza de los paramédicos, es ya insufrible para la pobre víctima. La gente opina y averigua, a medida que se van multiplicando los curiosos.

Casi al mismo tiempo, llegan una ambulancia del Hospital y la susodicha camioneta del CPC que retorna al nido. Hete aquí que ahora la servidora pública baja, acompañada de otra policía, que con la cabeza mojada, revela algo interesante: su camarada la fue a buscar a su departamento, donde ésta se bañó y volvieron las dos. “Me voy y vuelvo”, eso sí le faltó expresar.

 

Por supuesto que se elevaron voces de protesta con semejante actitud. La mujer policía esbozó una trivial excusa. Los médicos cargaron a la señora y partieron raudos. Las sensaciones permanecieron un largo rato entre los presentes.

Ojalá la señora se reponga y gracias al cielo, no hubo que lamentar mayores incidencias. Sin embargo, un vecino se preguntó con voz ronca, antes de retirarse: ¿Para qué está la policía?

Por Mario Delgado.-

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