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Opinión

Esta historia, ya la conocés

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Es lo de siempre. Rumiado argumento patronal utilizado a ultranza y con desparpajo, para ir abriendo el paraguas frente a contingencias adversas o ante la disminución de la rentabilidad de otrora. El punto débil esencial, la llave a tomar, la palanca que se acciona es idéntica a través de los tiempos: se posa la mirada en la masa trabajadora y se dispara el cañón sin visos de piedad o sentido común.

Eso sí, mis amigos, en el mientras tanto, en el día por día, el pobre tipo que “suda la gota gorda”, se coloca la camiseta de la firma en cuestión y llega incluso en oportunidades a creer, en la bondad aparente de sus jefes, en la aceitada maquinaria capitalista.

Y arremete contra todo riesgo, yendo a veces enfermo a laburar por no perder el “presentismo” por un lado, pero además, por no dejar colgado al capataz que tendría que buscar un reemplazo en breve lapso. “De ninguna manera falto, voy y apechugo, así como estoy igual voy”, le dice el hombre a la señora antes de salir de casa a las chuequeadas, inmerso en la dolencia que lo aqueje en el momento.

O pagar un remis cuando llueve. O hacer horas extras porque hay una venta que realizar de tal o cual producto. Cuantos cumples de los pibes quedaron en la nada absoluta por darle el “okey” a los de arriba.

El tema es que ahora, los cimientos ceden a la presión y no aparece nadie a dar respuestas concretas y alentadoras. Un “pinche” de oficina medio “buchón”, comentó que la cosa viene fea de verdad esta vez y que “los capos de Buenos Aires” no joden. Han hablado con Gerencia y la orden no se debate.

Sencilla la cuestión; corta la bocha. Como tantos ejemplos, el personal se enerva, se inquieta, mas la decisión ya se tomó, ya se “cocinó” en otros ámbitos y lo único que puede hacer el humilde laburante de fábrica es ir a “cantarle a don Gardel”.

¿Cómo es viable que se revitalice la excusa una y otra vez, sin un pequeño viraje, aunque más no sea, mis lectores del alma? Porque allá por la Prolongación de la Calle Mujica sin número de la tribunalicia ciudad de Azul, en la “Empresa Cerámicos San Lorenzo S.A.”, el ánimo es terrible, el caldero hierbe, el horno en definitiva, no está para bollos.

El antiguo artilugio volvió a salir de la galera funesta. El hechizo maligno no se rompió jamás y, con el asuntillo de “aflojaron las ventas en el mercado interno y también en el externo, debido a la crisis internacional”, los muchachos de Correos se hallan abocados hoy mismo a la delicada y triste misión de repartir malas nuevas, o sea, telegramas de despido, casa por casa.

Mala espina. Cruel despertar a un novel año. Al menos 120 operarios se quedarían afuera de la Compañía. No es un detalle nimio. Es para gritarle al cielo opaco de la insensibilidad.

Entonces interviene el Sindicato y se para, y se toman medidas tendientes a revertir lo irreversible. Si han anunciado muy campantes los mandamás que ya no funcionará la planta de Azulejos de 20 x 20 por ausencia total de ventas de dicho producto. Y ahora, ¿qué, compañeros?

Vendrán reuniones, audiencias en el Ministerio de Trabajo, conciliaciones y reconciliaciones. Sin embargo, el “Jaque mate” está muy cercano. Es un sistema perverso contra la dignidad del que brinda su lomo. Desigual lucha que, aún sindicalizada y todo, es despareja por donde la observemos.

Pasarán los gobiernos, los Estatutos se reformarán, se discursará sobre el avance obrero, pero en la praxis, marche preso, mi amigo. La razón choca contra los intereses de los que piensan en ellos y no en el obrero, que termina siendo, un número en una carpeta, en un “Legajo del Personal”.

Por Mario Delgado.-

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Opinión

Lo bueno de tener prioridades

Tener prioridades es realmente óptimo: sugiere, entre otras cosas, que el individuo o los gobiernos de los tres niveles, poseen un criterio juicioso, y cuentan, además, con un proyecto de vida de largo alcance.

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Marcar las cuestiones a realizar o resolver con premura, habla bien y nos habilita a creer que hay una contemplación completa de la realidad, y, en base a tal visión, se planea un estricto núcleo de objetivos a cumplimentar. 

Marchar por la senda sin rumbo, sin norte ni guía, es mala o necia, al menos, señal. Por tal motivo se interpela siempre a cada quien, contar con una agenda al alcance de la diestra. Y activar los hilos en consecuencia, desde luego. 

A propósito, este pequeño marco introductorio pretende depositarnos, mis amigos, en un ítem crucial para la concreción individual y colectiva como ciudadanos plenos. Y, conviene por cierto mencionar, la imposibilidad de seguir guitarreando en esta temática que ofreceremos, y desprenderla lo antes posible, de fanatismos partidistas. Me refiero en concreto a la Educación nuestra, en esta nación gloriosa. 

Se ha difundido hace horas atrás un informe contundente por parte de la señora Ministra de Educación de CABA que sentencia con supina espontaneidad, los vericuetos de la niñez y adolescencia que no transitan por un camino elogiable en materia de aprendizaje, llegando a terminar la Primaria o estar en Tercer Año de la Secundaria y no saber leer y escribir sin yerros y tampoco poder comprender y explicar con palabras propias, un texto cualquiera. 

Tamaña deficiencia se ata, en cierta manera, al tiempo de parálisis escolar impreso por la pandemia y la sucesión de cuarentenas. Podríamos asimilar tal contingencia en mayor o menor talante; sin embargo las deducciones del informe van más allá del proceso frontal del Covid 19 y sus medidas aleatorias. El problema a aceptar sin disimulos ni excusas mantiene firme la idea de que, en rigor de verdad, hay un drama previo, un dilema estructural que se agudizó con el virus chino, pero no es solamente esta reciente etapa dispar, entre la virtualidad y la ausencia en las aulas. 

Aún se agrega otro condimento no menor: se ha hecho un relevamiento entre una determinada cantidad de chicos, de entre 12 y 16 años, para averiguar si logran captar los subtítulos de las películas habladas en inglés u otro idioma, en cines o dispositivos hogareños. El análisis resulta desalentador, puesto que la gran mayoría, expresa no alcanzar a leer en tiempo real los zócalos correspondientes, no por interferencias en la visión, sino por no saber leer de corrido. 

El temido abandono del noble hábito de la cotidiana lectura, es una incómoda piedra puntiaguda en el calzado. Y no se notan visos de mejoría. 

Como daño colateral, por otra parte, del virus coronado, se ha comprobado que alrededor de 600.000 alumnos en el territorio nacional y 200.000 en la Provincia de Buenos Aires, no retornaron a sus establecimientos educativos al abrirse la famosa y tardía presencialidad. 

Un escándalo, sin objeciones de ninguna naturaleza. ¿Y ahora, quién carga con semejante cruz social? Porque, ¿alguien puede aseverarnos que tales pibas y pibes, volverán raudos a sus obligaciones escolares, al ser visitados por un docente o asistente social?

Una auténtica lástima que redobla la apuesta a constatar en qué sitio hemos colocado a la educación. Obvio, que ha descendido varios peldaños de cómo supo hallarse situada otrora. 

Por Mario Delgado.-  

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Opinión

Te acostumbrás 

Un amigo, un poco mayor que yo, me graficaba ayer que, en rigor de verdad, los argentinos nos vamos acomodando, nos adaptamos, con suma ductilidad, aunque refunfuñemos, a ciertas cuestiones demenciales que debieran sacarnos de quicio y movilizarnos de otra manera. 

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“Te acostumbrás”, me pontificó, despejando incluso con tal frase, cualquier sombra de duda que pudiera subsistir aún. No hay pena ni atropello que no se nos haya puesto de manifiesto, y, sin embargo, continuamos erguidos como sociedad y metidos cada quien en lo suyo. 

La escasa atención que le brindamos a los sucesos del entorno, tal vez tenga mucho que ver con las instancias personales de cada sujeto. Las ocupaciones son cada vez más en base a que el dinero rinde menos. 

Se naturaliza la opción del mayor esfuerzo y la gente dispuesta, sale en pos de ganarse el cada día más caro, pan vital. Una pequeña gran gragea, un botoncito de muestra que nos revuelve la panza, pero, reitero, no todavía como la contingencia requiere de un pueblo auténticamente agobiado y harto. 

Los niveles de corrupción piramidal se elevan a la enésima potencia, revolean bolsos con dinero mal habido en conventos o cuentan plata afanada en sendos videos virales, y todo gira sin más que algún comentario atrevido, desafiando a la ya incorporada manía de soportar y sobrellevar el drama, las culpas de otros. 

No se hace ni siquiera un necesario gasoducto y luego llegan los “verseros” de siempre, con excusas y mensajes altisonantes. Y los robadores de vacunas contra el Covid se pasean orondos, dando cátedras seguro, de cómo fomentar el buen turismo ahora que todo mundo acató órdenes salvadoras. Hipócritas impíos, exonerados por el poder, como un tal Firmenich o un viscoso Verbitsky. Falsedades convertidas en relatos presumiblemente verídicos, para entretener a la platea boquiabierta, que no despierta.

En tal contexto de locura y terror, no escasean los heridores del campo, los que nada saben del trabajo aguerrido de los productores chicos o medianos, y demonizan al sector, olvidando que de ahí emana el 65 % de lo que consume el argentino. 

Y nos quedaría chico el espacio para ir citando con mayúsculas, si lo desean, los yerros y las tropelías de los poderosos que se apoltronan en sus sillones, bebiendo en copas de oro, el sudor de los humildes. 

Ya probaron el sabor de dominar a una población encerrada y muerta de miedo e incertidumbre y van a ir por más perversidades. Porque no les importa subsanar las necesidades básicas, ni mejorar la calidad de vida del ser humano; sólo ansían llenar sus propias arcas, permanecer y ampliar la red de mantenidos por el Estado, que son los votantes cautivos, los temerosos que no se irán del redil por no perder sus planes sociales. 

Mientras la inflación consume las billeteras y separa a familias enteras, ahorcadas y sin solución, al tiempo que la inseguridad y la droga incrementa su paso fuerte y mortal, se encienden los doble discursos, las linternitas de los jetones de ocasión, charlatanes de bar, sin programas efectivos para mutar tanta mugre. 

Te acostumbrás, es cierto y penoso, a convivir con la putrefacción y contemplar sin esperanzas el panorama difuso del país que amás. 

Por Mario Delgado.-   

  

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 Farmacias de turno en Olavarría Facultad de Derecho