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Opinión

El riesgo máximo de naturalizar la violencia

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Ya nada será igual para un montón determinado de personas, desde este jueves 15 por la noche en adelante. Porque lo acaecido en el barrio “Escuela 6”, concretamente en la calle Fassina al 600, dejará una huella indeleble en varias familias.
Como se da cuenta en este diario y en nota aparte, un novel hecho de sangre enlutó una vez más a nuestra ex tranquila ciudad.
Partiendo presuntamente de la base de una sórdida discusión por una mordedura de un perro, los acontecimientos fílmicos negativos se fueron amplificando hasta culminar drásticamente con un herido de arma blanca, otro sujeto borrado del mapa, tal como si nada fuese ultimar a alguien y un tercero en discordia que irá a dar a las sombras del presidio.
Los detalles jugosos, los pormenores de semejante causa conventillera, son de vital interés para un observador curioso y puntilloso, puesto que irán desgranando un vehículo de acción común: la incorporada violencia puertas adentro, que habilita a cualquier acólito de ella, a tomar decisiones patéticas.
Un can que ataca irreflexivo y una serie indefinida de gruesos epítetos, golpes de puño y el resultado desastroso de tanta entronización de la ausencia de diálogo que hace su bestial aparición.
Se ha inscripto en ciertos ambientes una cultura enraizada ya, de la pulverización de la charla, de la resolución pacífica de dilemas vecinales. Tomando en consideración además que las partes involucradas en la contienda, eran familias linderas, esta vertiente cobra más significación.
Quizá ya había cierto encono entre los protagonistas de la tragedia. Tal vez las cosas no andaban bien entre ellos. Puede ser que este postrer asunto, rebalso en realidad el frágil vaso. Es probable que no sepamos jamás quien tuvo la razón. Si se trató de una provocación dejar el perro suelto o si en rigor, la disyuntiva venía por otro lado y de lejos.
Lo concreto es que cuando no existe capacidad de dialogar, de consensuar acuerdos de convivencia, la ola cubre la embarcación, tarde o temprano. Hablar con coherencia, saber expresar ideas, no es tarea incorporada para aquellos que solamente han mamado lo malo.
Y la facilidad con que se llega en estos sectores a portar un arma, causa escozores. Un cuchillo que rasga la piel abdominal de Carlos Sánchez y luego de un breve período, un escopetazo de Carlos Occhetti cerrando el libro de la vida de Manuel Quinteros. En el medio un amigo que colabora, Claudio Santellán y una joven viuda que vio con trémulo lujo de testigo presencial, como liquidaban a su pareja, sin mayores preámbulos.
Es que sin diálogo, la respiración no vale nada. Ni la propia ni la del prójimo, desde luego. El grado de captación de la violencia es imparable y no paga con dulzura; abona más bien con creces el terreno de la parca.
Replicamos entonces: un asesinado, un apuñalado, un nuevo preso y la catástrofe que lo inundó todo, en cosa de escasos minutos y en contados metros de escenario.
Lo peor de la cotidianeidad de estos descalabros verbales y armados, pasa por una línea sucesoria de reiteración y multiplicación inclusive de los actos malsanos. O sea, siendo prácticos, la descendencia sigue el mismo sendero trazado de antemano por la miserable dominación de la violencia y la no aceptación de otra bandera que no sea una puteada, una piña o un disparo certero al ocasional o acérrimo enemigo.
Por qué se ha llegado a tal estadio es una excelsa consulta. Ensayar contestaciones es muy fácil, resolver el quid del problema, no tanto.

Por Mario Delgado.-

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Opinión

Lo bueno de tener prioridades

Tener prioridades es realmente óptimo: sugiere, entre otras cosas, que el individuo o los gobiernos de los tres niveles, poseen un criterio juicioso, y cuentan, además, con un proyecto de vida de largo alcance.

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Marcar las cuestiones a realizar o resolver con premura, habla bien y nos habilita a creer que hay una contemplación completa de la realidad, y, en base a tal visión, se planea un estricto núcleo de objetivos a cumplimentar. 

Marchar por la senda sin rumbo, sin norte ni guía, es mala o necia, al menos, señal. Por tal motivo se interpela siempre a cada quien, contar con una agenda al alcance de la diestra. Y activar los hilos en consecuencia, desde luego. 

A propósito, este pequeño marco introductorio pretende depositarnos, mis amigos, en un ítem crucial para la concreción individual y colectiva como ciudadanos plenos. Y, conviene por cierto mencionar, la imposibilidad de seguir guitarreando en esta temática que ofreceremos, y desprenderla lo antes posible, de fanatismos partidistas. Me refiero en concreto a la Educación nuestra, en esta nación gloriosa. 

Se ha difundido hace horas atrás un informe contundente por parte de la señora Ministra de Educación de CABA que sentencia con supina espontaneidad, los vericuetos de la niñez y adolescencia que no transitan por un camino elogiable en materia de aprendizaje, llegando a terminar la Primaria o estar en Tercer Año de la Secundaria y no saber leer y escribir sin yerros y tampoco poder comprender y explicar con palabras propias, un texto cualquiera. 

Tamaña deficiencia se ata, en cierta manera, al tiempo de parálisis escolar impreso por la pandemia y la sucesión de cuarentenas. Podríamos asimilar tal contingencia en mayor o menor talante; sin embargo las deducciones del informe van más allá del proceso frontal del Covid 19 y sus medidas aleatorias. El problema a aceptar sin disimulos ni excusas mantiene firme la idea de que, en rigor de verdad, hay un drama previo, un dilema estructural que se agudizó con el virus chino, pero no es solamente esta reciente etapa dispar, entre la virtualidad y la ausencia en las aulas. 

Aún se agrega otro condimento no menor: se ha hecho un relevamiento entre una determinada cantidad de chicos, de entre 12 y 16 años, para averiguar si logran captar los subtítulos de las películas habladas en inglés u otro idioma, en cines o dispositivos hogareños. El análisis resulta desalentador, puesto que la gran mayoría, expresa no alcanzar a leer en tiempo real los zócalos correspondientes, no por interferencias en la visión, sino por no saber leer de corrido. 

El temido abandono del noble hábito de la cotidiana lectura, es una incómoda piedra puntiaguda en el calzado. Y no se notan visos de mejoría. 

Como daño colateral, por otra parte, del virus coronado, se ha comprobado que alrededor de 600.000 alumnos en el territorio nacional y 200.000 en la Provincia de Buenos Aires, no retornaron a sus establecimientos educativos al abrirse la famosa y tardía presencialidad. 

Un escándalo, sin objeciones de ninguna naturaleza. ¿Y ahora, quién carga con semejante cruz social? Porque, ¿alguien puede aseverarnos que tales pibas y pibes, volverán raudos a sus obligaciones escolares, al ser visitados por un docente o asistente social?

Una auténtica lástima que redobla la apuesta a constatar en qué sitio hemos colocado a la educación. Obvio, que ha descendido varios peldaños de cómo supo hallarse situada otrora. 

Por Mario Delgado.-  

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Opinión

Te acostumbrás 

Un amigo, un poco mayor que yo, me graficaba ayer que, en rigor de verdad, los argentinos nos vamos acomodando, nos adaptamos, con suma ductilidad, aunque refunfuñemos, a ciertas cuestiones demenciales que debieran sacarnos de quicio y movilizarnos de otra manera. 

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“Te acostumbrás”, me pontificó, despejando incluso con tal frase, cualquier sombra de duda que pudiera subsistir aún. No hay pena ni atropello que no se nos haya puesto de manifiesto, y, sin embargo, continuamos erguidos como sociedad y metidos cada quien en lo suyo. 

La escasa atención que le brindamos a los sucesos del entorno, tal vez tenga mucho que ver con las instancias personales de cada sujeto. Las ocupaciones son cada vez más en base a que el dinero rinde menos. 

Se naturaliza la opción del mayor esfuerzo y la gente dispuesta, sale en pos de ganarse el cada día más caro, pan vital. Una pequeña gran gragea, un botoncito de muestra que nos revuelve la panza, pero, reitero, no todavía como la contingencia requiere de un pueblo auténticamente agobiado y harto. 

Los niveles de corrupción piramidal se elevan a la enésima potencia, revolean bolsos con dinero mal habido en conventos o cuentan plata afanada en sendos videos virales, y todo gira sin más que algún comentario atrevido, desafiando a la ya incorporada manía de soportar y sobrellevar el drama, las culpas de otros. 

No se hace ni siquiera un necesario gasoducto y luego llegan los “verseros” de siempre, con excusas y mensajes altisonantes. Y los robadores de vacunas contra el Covid se pasean orondos, dando cátedras seguro, de cómo fomentar el buen turismo ahora que todo mundo acató órdenes salvadoras. Hipócritas impíos, exonerados por el poder, como un tal Firmenich o un viscoso Verbitsky. Falsedades convertidas en relatos presumiblemente verídicos, para entretener a la platea boquiabierta, que no despierta.

En tal contexto de locura y terror, no escasean los heridores del campo, los que nada saben del trabajo aguerrido de los productores chicos o medianos, y demonizan al sector, olvidando que de ahí emana el 65 % de lo que consume el argentino. 

Y nos quedaría chico el espacio para ir citando con mayúsculas, si lo desean, los yerros y las tropelías de los poderosos que se apoltronan en sus sillones, bebiendo en copas de oro, el sudor de los humildes. 

Ya probaron el sabor de dominar a una población encerrada y muerta de miedo e incertidumbre y van a ir por más perversidades. Porque no les importa subsanar las necesidades básicas, ni mejorar la calidad de vida del ser humano; sólo ansían llenar sus propias arcas, permanecer y ampliar la red de mantenidos por el Estado, que son los votantes cautivos, los temerosos que no se irán del redil por no perder sus planes sociales. 

Mientras la inflación consume las billeteras y separa a familias enteras, ahorcadas y sin solución, al tiempo que la inseguridad y la droga incrementa su paso fuerte y mortal, se encienden los doble discursos, las linternitas de los jetones de ocasión, charlatanes de bar, sin programas efectivos para mutar tanta mugre. 

Te acostumbrás, es cierto y penoso, a convivir con la putrefacción y contemplar sin esperanzas el panorama difuso del país que amás. 

Por Mario Delgado.-   

  

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 Farmacias de turno en Olavarría Facultad de Derecho