Olavarría tiene esas cosas que no sé…

Olavarría tiene esas cosas que no sé, pero son tan raras y llamativas. Es sin dudas una ciudad atrayente, de gente cordial y solidaria, pese a que nunca se ha decidido a convertirse en neta atracción turística, por ejemplo.

Tenemos rarezas también para resolver. Como la molesta situación de que algún enfermo mental incendie 17 baños químicos en un solo momento, dispuestos para la Fiesta de Olavarría, y absolutamente nadie vea ni oiga nada.

O contamos ahora con una nueva página que derrocha datos, en un esbozo prometido de transparencia y apertura hacia el pueblo, y hete aquí que nos enteramos casi al mismo tiempo, de un señor concejal que a su vez es asesor en la Honorable Cámara de Diputados.

Se dispara rápida la polémica en esta tierra que no termina de mutar de comarca a centro urbano. Y le tiran munición pesada al edil, acusándolo de cobrar dos sueldos incompatibles entre sí.

Salta la bolilla de la explicación y surge de la galera mágica un decreto. El buen hombre niega estar cobrando como legislador local. Pero el drama es que justamente aparece su nombre en este novel sitio transparentador.

O sea, mis amigos, si buscamos líos gordos o flacos, los hallamos. Porque ansiamos avanzar pero a la vez, permanecemos a veces, estancos.

Somos tan contradictorios que nos rasgamos las vestiduras por las voladuras, por los buracos que quedan en plena montaña, mas nos resignamos a no aumentar el “impuesto a la Piedra”.

Al viento se esgrimen las razones de dicho pensamiento. Desde el Pacto Fiscal, a la no garantía del Ejecutivo en cuanto a la distribución del dinero que ingresaría con ese lindo uno por ciento más por empresa que paga la Tasa por Explotación de Cantera.

Sin embargo le damos todo el crédito a los peronistas cristinistas y nos quedamos en el molde, oficialistas y demás opositores.

En tal juego de ambivalencias, el ayer gobierno eseverriano, se debate en un continuo aguardar. Aguardar sistemáticamente lo que opte por cristalizar su líder que gira en círculos, distrayendo a propios y extraños.

El rol eseverrista mutó y todavía no se oyó el clamor de la autocrítica. Y las filas de soldados, trasladan inquietudes entre un continuismo pro José, o una necesaria renovación dirigencial que proyecte al núcleo hacia otra vuelta de tuerca.

Y el justicialismo ahorita mismo votó, en otro orden. Luego de siete años sin acudir a las urnas internas, el Comité de la Coronel Suárez, vibró con el ulular de afiliados sufragantes.

Convengamos que tampoco votaron en gran cantidad. Pero, bueno, el ejercicio democrático sirve. Y Federico Aguilera es encaramado por sus adeptos, a la cima pejotista. Otra corona para el Presidente del Bloque de Concejales de “Unidad Ciudadana”.

El muchacho es joven y atrae multitudes. O algo por el estilo. Lo cierto es que se irá construyendo un adalid con el correr de los meses.

El peronismo está medio desmembrado y requiere pronto de un encuadre positivo y seductor. ¿Sabrá acaso Federico, ir por la senda que no han podido recorrer otros, de Juan Manuel para acá?

En fin, Olavarría es para vivirla. Con sus luces y sus sombras.  Con sus ídolos de barro y sus dioses a medio tallar. Es nuestra y la amamos aunque no comprendamos por qué ya no es más la Ciudad del Trabajo. Ni tiene pinta de volver a serlo.

Por Mario Delgado.-

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